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No es personal, es cultural: la verdad emocional de recibir feedback de un jefe extranjero

Hace unos días Francisco Javier Stenger nos compartió en nuestro grupo de egresados de la primera generación de Board Academy Br un documento llamado The Culture Map, y al leerlo recordé la historia de una Directora que le reportaba a un Jefe Europeo basado en Alemania.

Ella como muchos altos ejecutivos que asesoro, reportan a Jefes en el extranjero. Y muchos de estos ejecutivos suelen experimentar que después de su junta mensual con su jefe, cierran la videollamada y se quedan unos segundos viendo su propio reflejo en la pantalla, tratando de descifrar qué rayos quiso decir realmente con sus comentarios. Y no es por que no entiendan el inglés, no es eso. Es algo mas profundo.

Imagina que le has presentado los resultados del mes a tu jefe extranjero, no hubo fricciones ni comentarios fuera de lugar; te has esforzado mucho y también tu equipo, sin embargo, algo en su tono preciso, casi quirúrgico, deja la sensación de que el trabajo no fue suficiente para él o ella. Solo dijo: “Correcto, pero necesita mayor profundidad. Dame mas detalle.” , y aunque suene técnico, los latinos interpretamos otra cosa.

Muchos directores latinoamericanos que reportan a líderes extranjeros entregan análisis sólidos y escenarios bien construidos, pero terminan con una duda persistente después de una videollamada: “¿Estará satisfecho? ¿Hice lo correcto?” . Lo que para el jefe extranjero es una observación neutral, para el latino puede sentirse como algo personal.

También recuerdo la historia de un Head de Operaciones de una Fintech europea que tras una presentación mensual a sus jefes, le pregunté por Whatsapp, "¿Cómo te fue?", solo pudo escribir: “No sé” . Y no escribió nada en horas.

Finalmente, contestó. "Tal vez no les gustó mi presentación ni los resultados. No sé como leer las opiniones de mis jefes. Son tan inexpresivos. Estoy agotado mentalmente Gus", me dijo. Ya quiero irme de aquí porque no me reconocen nada.

El feedback europeo: claridad cognitiva, no validación emocional

En muchas culturas europeas —especialmente Alemania, Austria, Suiza o Países Bajos, incluso USA— el feedback es un instrumento profesional, no emocional. Señalar lo que falta es algo estándar, no necesariamente es una desaprobación. No hay feedback suavizados, no envuelven el mensaje, no “amortiguan” el impacto. Su foco no está en cómo te hace sentir la retroalimentación, sino en cómo mejora el documento, proceso, resultado, análisis o decisión etc. No está enfocado en ti.

Los alemanes, por ejemplo, separan con precisión el trabajo de la persona. Si piden más rigor, no es porque duden de ti como profesional; simplemente buscan elevar el nivel de detalle. Su silencio tampoco significa desinterés o desaprobación: están procesando tus comentarios. Para ellos, hablar rápido puede restar calidad y autoridad; para nosotros, ese silencio puede sentirse como juicio. “¡Me están juzgando!”

El punto de inflexión llega cuando dejamos de buscar aprobación emocional y empezamos a buscar claridad técnica. Cuando comprendemos que el jefe europeo rara vez nos validará con entusiasmo —no por falta de reconocimiento, sino por un tema cultural, claramente— el peso emocional del feedback disminuye. Pero como latinos nos cuesta trabajo comprender eso. Hacemos drama y nos pega en la autoestima.

En vez de hacer drama, mejor genera preguntas inteligentes: “¿Qué dimensión requiere más profundidad?” “¿Qué variable haría esto más sólido?” “¿Qué escenario adicional reforzaría la lectura de riesgo?”

Y solo así el jefe europeo puede dejar de ser un muro infranqueable y puede convertirse en un mapa.

Quiero que tomes en cuenta, que lo más duro de aceptar es esto: cuando interpretas el feedback europeo desde tu filtro emocional latino, te castigas más de lo que tu jefe jamás lo haría. No es él quien te descalifica… eres tú. Sólo tú.

El verdadero desgaste no viene de su comentario directo; viene de la historia que tú mismo te cuentas después.

En muchas ocasiones, la herida no viene del feedback, sino del eco. Y ese eco, si no lo dominas, termina saboteando tu confianza, tu voz y tu liderazgo.

La ironía es brutal: el europeo no te está juzgando… pero tú sí.

Y ese es el verdadero enemigo silencioso que muchos directores nunca identifican.

Espero este articulo te haya gustado y lo compartas. Que tengas una excelente inicio de semana.

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