Cuando el futuro sabe a gelato: una historia sobre reinventarse sin permiso

19/01/2026

Gustavo García Alvarado
Hace unos días, visité
Puerto Escondido,
en Oaxaca, México. Lo hice para desconectarme del mundo un rato y celebrar mi cumpleaños. Ese lugar me encantó por su vibra tan original y ausencia de pose. La mayoría de la gente camina descalza o en sandalias, en calles y piso de arena de la playa.
Puerto Escondido es un lugar internacional para los surfers que vienen de Australia, Argentina, Brasil, Italia, Francia, USA, Canada, México y muchas partes del mundo. Me gusta ver que los jovenes caminen descalzos con la tabla bajo el brazo como si fuera una extensión de su alma.
Ahí, entre olas gigantes y callecitas llenas de mochileros, descubrí una heladería pequeña… pero con una fila que parecía no tener fin. Turistas quemados por el sol, locales, nómadas digitales. Ni el calor ni la humedad espantaban a nadie. Al contrario: la espera era parte del ritual.
Debo confesar que yo también hice fila.
Y valió cada minuto.
Cuando probé el gelato de Tiramisú, entendí por qué la gente aguantaba 30 grados y sin sombra.
Ese primer bocado fue un
“wow”
automático. Esos que te salen del alma, no de la cabeza. Por casualid
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